Young Priest praying
Young Priest praying with rosery in his hands

Detalles del Momento: Olor a sangre entre sotanudos

Moisés Absalón Pastora

El sacerdote de la Diócesis de Estelí, Augusto César Marín recién denunció públicamente a través de un video al Obispo de la Diócesis de Matagalpa Rolando José Álvarez, que a su vez es el administrador apostólico del territorio eclesial de quien categóricamente expone la soberbia, prepotencia, egocentrismo y vanidad de quien llegó a la amenaza de muerte contra uno de sus “hermanos” en el apostolado cristiano.

“Quiero decirle a toda la población que si algo me llega a suceder acuso, desde ya, a monseñor Rolando José Álvarez Lagos y a los consultores que lo acompañan a excepción de algunos que dejaré en lista confidencial con mi familia”, denunció Marín.

El insolente Rolando José Álvarez ante el escándalo decidió hacer de Avestruz o desear que la tierra lo trague, aunque en este último caso la madre tierra se niega a indigestarse. Semejante situación, pareciera extraña, es una más de las intensas y mortales luchas de poder dentro del catolicismo, entre camaradas encubridores han querido disfrazar el asunto como que el obispito de Matagalpa, que además tiene por feudo a Estelí, es pasto de una gran injusticia porque este decidió no permitir la celebración de la denominada “misa tridentina” con la presencia de fieles al sacerdote Augusto Cesar Marín.

La misa tridentina se compuso hacia el año de 1570 y en ella las oraciones se hacen solo en la lengua latín, los sacerdotes la celebran en voz baja y están de espaldas a los asistentes. Esta se dejó de usar oficialmente en 1969 cuando el papa Pablo VI la sustituyó con el rito actual de la misa. No obstante, el papa Francisco ha establecido que la misa tridentina podrá realizarse solo con el permiso del obispo de la diócesis correspondiente.

Con este cuento que nada tiene que ver con el fondo del asunto Carlos Avilés, vicario general de la Arquidiócesis de Managua, uno de los más pedantes sotanudos de Nicaragua, ha querido salir al paso, pero sin éxito. El tal Monseñor Carlos Avilés no ve con buenos ojos que el sacerdote Augusto César Marín haya hecho público su reclamo al politiquero de Rolando Álvarez un pirómano extremista que usa los púlpitos para destilar odio y buscar detonantes que hundan a Nicaragua como pretendió en el 2018 y acción criminal por la cual varios terroristas están presos.

Carlos Avilés el único que ha salido en defensa de Rolando Álvarez, refirió que el sacerdote Augusto César Marín se retiró en diciembre de 2021 de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Estelí, lo que a todas luces suena más bien a que fue retirado por el administrador apostólico de Estelí quien como albarda sobre aparejo, después de amenazar de muerte a uno de sus “hermanos” en el apostolado cristiano es quien tiene en sus manos analizar el caso y tomar las medidas del caso que así como están las cosas la decisión seria penalizar mortalmente a su crítico quien podría escoger entre la horca, el fusilamiento, el envenenamiento o cualquier otro medio que satisfaga los rencores draculianos de este imberbe político de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

A propósito de todo esto debo decir que no son las instituciones las que se desprestigian, en este caso la Iglesia Católica, sino que son las personas quienes desprestigian a las instituciones y esto vale para lo público, para lo privado y para lo espiritual. Muchas veces le tiramos piedra a la persona jurídica cuando es la persona natural la que falla y por eso quiero marcar, a propósito del tema, que ni lo mío, ni la visión que otros comparten conmigo, responde a ninguna campaña contra la institución conocida como Iglesia Católica de Nicaragua sino que lo nuestro es solo el rechazo a la conducta, en muchos trechos de su histórica existencia universal, de los individuos que componen al inmenso poder político y económico de los sotanudos.

Uno no puede ponerse un tapa ojo para obviar lo que fácilmente se percibe aun siendo no vidente; uno no puede barrer y esconder la basura bajo la alfombra porque tarde o temprano será descubierta o nadar contra la corriente porque todo eso es un desgaste que no conduce a nada y al final te dejará expuesto como alguien que no será absolutamente fiable para nadie.

Lo más triste de todo esto es cuando los individuos a nombre de Dios, arropados hasta con túnicas pontificias dicen ser los representantes del Creador y lo que hacen es todo lo contrario a sus mandamientos y después a sus propias reglas, sobre todo aquellas impuestas por una Iglesia Católica que ha sido víctima de sus componentes humanos en quienes recae obviamente el desprestigio y devaluación de la misma porque vive una crisis en cualquier parte del planeta y por supuesto la de Nicaragua no puede ser la excepción.

Uno no puede guardar silencio por tanta barbaridad perpetrada en nombre de la fe. Quien puede ignorar las guerras religiosas, los tribunales inquisitoriales y tantas otras formas de violar los derechos del individuo donde hombres disfrazados con sotanas siguen teniendo tanto que ver y digo disfraz porque no concibo que un verdadero religioso haya sido capaz de ser el eje central de tantas historias malvadas que a lo largo de la fundación de la iglesia católica hemos conocido porque al final es la que predomina en el campo de la desviación moral.

Digo esto porque la iglesia católica de Nicaragua, profundamente cuestionada como está debería realizar un examen profundo de su actuar porque aquí el clero no actúa en el campo de la evangelización, esa materia la domina la iglesia protestante y con muchísimo éxito, sino que el papel de un cardenal, de algunos obispos y algunos sacerdotes, es el del activismo político descaradamente comprometido con la muerte, la mentira y el terrorismo, es decir con todo aquello que es la negación de la palabra de Dios y de la supuesta misión de la Iglesia Católica de Nicaragua.

Esta iglesia católica de la que hablo perdió la esencia de su humildad, dejó de ser la opción preferencial por los pobres, abandonó el púlpito de la evangelización y lo convirtió en un estrado político, se olvidó que su rol mediador y se dedicó a lanzar gasolina sobre la hoguera y lo peor es que se convirtió en la cabeza intelectual de toda una campaña de terror aceitada por la mentira que al final es la negación de la ley de Dios en todo sentido y al que ahora se suma, como colmo de colmo, el ignoro al “NO MATARAS”.

La iglesia católica de nicaragua está integrada por personas de carne y hueso, que por ser humanas pueden cometer errores y eso es comprensible y perdonable, pero en el caso de la iglesia de Nicaragua, a propósito de este escándalo en el que el Obispo Rolando Álvarez amenaza de muerte al sacerdote, Augusto César Marín, aquí hablamos de horrores de quienes abiertamente han cedido a las tentaciones de creerse líderes políticos, de pensar que por tener sotana son intocables y que pueden actuar impunemente contra todos y contra quien sea porque se les ocurrió que son los representantes de Dios en Nicaragua, “representantes” con las manos manchadas de sangre.

No es por casualidad que la historia de la iglesia católica en el mundo la de Nicaragua tiene anchos y gruesos capítulos, desde la existencia del primer obispo de Roma en el Vaticano sea tan tristemente recordada y condenada. La iglesia católica universal, y la nicaragüense nunca será la excepción, tiene pecados abominables que pesan sobre la conciencia de los hombres y mujeres que la han representado.

Todos son episodios terribles de la historia católica que nada tienen que ver ni con Cristo, ni con Dios; Hablo de las cruzadas; la inquisición, la conquista de América y cómo a nombre de Dios nos saquearon y esclavizaron; la vinculación de la institución eclesiástica con intereses imperiales opresores e inhumanos, ayer con Roma hoy con Washington; la pedofilia, el homosexualismo, la hipocresía del celibato, las amenazas de muerte entre “hermanos en Cristo” y tantos horrores más prolongados a través del tiempo hasta nuestros días que nunca les impuso una reflexión sino que por el contrario aquello de ser “profesionales de la fe” es decir guías o portadores de la buena nueva lo convirtieron en un gran negocio, en un gran poder económico que se mezcló con tanto del bajo mundo que se convirtieron en cualquier cosa menos en iglesia.

La alta jerarquía de la iglesia católica vaticana a pedido perdón al mundo cierta de sus atrocidades, pero la nuestra no ha hecho lo mismo con los nicaragüenses por sus graves crímenes contra la nación que a varios de sus miembros les merecería la cárcel. Si estos obispos y sacerdotes que son la causa del mal causado en Nicaragua tuvieran la intención de rescatar lo poco que queda de la iglesia que creen representar deberían dejar de mentir porque solo esa acción es la primera gran negación al hijo de Dios que es el camino, la verdad y la vida.

Me es difícil verme como un crítico de la religión católica que hasta antes del 2018 profesaba con orgullo y seguramente soy apenas uno entre cienes de miles que decidieron irse con su fe donde los hermanos evangélicos o ser parte de los que nos declaramos simplemente cristocéntricos porque descubrimos finalmente hasta donde esos individuos arropados bajo una sotana fueron capaces de llegar con sus desviaciones morales rebasadas ahora con prácticas solo propias del sicariato.

Estos que están encumbrados en el clero católico nos deben un perdón que por soberbia no piden. Por ejemplo, perdón por no haber condenado la quema viva de sandinistas en el contexto del fallido golpe de estado que fraguaron desde la Conferencia Episcopal.

Perdón por las amenazas de muerte del ahora emérito obispo, Juan Abelardo Mata, contra el Presidente de la República, Daniel Ortega; Perdón porque un terrorista como Silvio Báez haya llegado a decir que los tranques de la muerte fueron una espectacular idea de la alianza cínica; Perdón porque un sacerdote como Harvin Padilla, párroco de la Iglesia Juan Bautista de Masaya, haya ordenado tirar a un escusado el cuerpo de un policía al que quemaron vivo en el contexto de los trágicos y dolorosos eventos del 2018; Perdón por la actitud de un dipsómano que como Edwing Roman, también de Masaya, abiertamente haya actuado contra todo principio de humanidad al negar la realización de una misa de cuerpo presente para una persona que según él no lo mereció por ser simpatizante sandinista; Perdón porque representantes del clero católico hayan bombardeado el diálogo nacional del Seminario de Fátima que de prosperar puedo haber evitado muchas muertes; Perdón por la conducta de Rolando Álvarez como ególatra, vanidoso, prepotente, arrogante y ahora un capo que luce ser el padrino de una mafia que amenaza de muerte a quienes lo critican.